El domingo cogí el coche con mi mujer y mi hijo y nos fuimos de paseo.
Sin plan.
Sin reservar restaurante.
Sin saber muy bien dónde íbamos a acabar.
En el maletero llevábamos un bocadillo de tortilla, unos snacks y, evidentemente, leche en polvo.
Lo normal.
Vivimos en Asturias, así que tampoco hace falta complicarse demasiado.
Conducir un rato, aparcar en cualquier sitio y caminar.
Un día tienes delante unas montañas verdes que parecen de Suiza y al siguiente estás viendo un mar que podría estar perfectamente en una postal de Bali.
Y gratis.
Bueno, la gasolina no.
Pero ya me entendéis.
Mientras íbamos caminando le pregunté a mi mujer:
—¿Qué harías si fueras rica?
Empezó a responder casi sin pensar.
—Me compraría un piso en Polonia.
—Me compraría un piso más grande en Gijón.
—Me compraría una casa cerca del mar con piscina para ir en verano y los fines de semana.
—Me compraría una autocaravana.
Y, después de una pequeña pausa:
—Y no volvería a trabajar.
Me quedé pensando un segundo.
—Pero si ya eres rica.
Silencio.
Creo que no le gustó demasiado mi respuesta.
Así que tuve que explicarme.
El piso de Polonia.
¿Para qué comprarlo?
Cada vez que vayamos, alquilamos uno.
Podemos elegir el que queramos, en la zona que queramos y durante los días que queramos.
Después nos vamos y no volvemos a pensar en él hasta el siguiente viaje.
La casa con piscina.
Lo mismo.
Hay casas preciosas para alquilar por todas partes.
Llegas, te bañas en la piscina, haces una barbacoa, duermes con las sábanas limpias y cuando te vas, la piscina deja de ser tu problema.
La autocaravana directamente ya lo hemos probado.
Hace dos veranos alquilamos una y nos recorrimos Portugal.
Cuando terminamos, la devolvimos.
Fin.
Ni seguro, ni ITV, ni taller, ni sitio donde guardarla, ni tener un trasto de 60.000 € parado durante meses.
Nosotros nos quedamos con el viaje.
La autocaravana se la quedó su dueño.
Y ahí pensé que quizá tenemos una idea un poco extraña de lo que significa ser rico.
Nos han enseñado que cuando tienes dinero, compras.
Una casa.
Otra casa.
Un coche.
Una autocaravana.
Una piscina.
Y cuanto más tienes, más rico eres.
Pero hay otra posibilidad.
Tener dinero suficiente para no necesitar poseer todas las cosas que quieres utilizar.
Y eso me parece bastante interesante.
Porque si quieres una casa en la playa y tienes dinero, puedes comprarla.
Pero también puedes alquilar una distinta cada verano.
Si quieres viajar en autocaravana, puedes comprarte una.
O puedes alquilar una cuando te apetezca y olvidarte de ella cuando vuelvas a casa.
Si quieres pasar un mes en Polonia, puedes tener un piso allí.
O puedes tener dinero suficiente para elegir cada vez dónde quieres quedarte.
No sé si esto es más inteligente financieramente, pero sí sé que es bastante más cómodo.
Entonces llegamos al último punto.
El trabajo.
Ahí sí que no tenía respuesta.
Le pregunté:
—¿Y si no trabajas, qué haces?
Y empezó otra lista.
Clases.
Sitios a los que llevar al niño.
Cosas que aprender.
Planes.
Viajes.
Historias.
Y me hizo gracia.
Porque quizá esa sea la parte que menos pensamos cuando hablamos de hacernos ricos.
Pensamos muchísimo en qué compraríamos.
Muchísimo en cuánto dinero necesitaríamos.
Muchísimo en cuándo podríamos dejar de trabajar.
Pero muy poco en qué haríamos después.
Y no sé si yo quiero ser rico.
Cada vez me interesa más otra cosa.
Que mi vida sea suficientemente barata como para poder tomar decisiones sin que todas tengan que pasar por el dinero.
Que si quiero viajar, pueda viajar.
Que si quiero alquilar una casa durante un mes, pueda hacerlo.
Que si quiero pasar un domingo comiendo un bocadillo de tortilla en mitad de Asturias, pueda hacerlo.
Y que si algún día no quiero trabajar, el problema sea decidir qué coño hago con el lunes.
No sé si eso es ser rico.
Pero me parece un plan cojonudo.
Seguimos
2mileurista



Lo que te hace rico es que nadie pueda usar tu tiempo y tu salud para lucrarse y que nadie pueda ejercer un poder sobre ti por dinero.
Amé esto, me recuerda que, al final, todos queremos ser libres