¿Quién eres?
Dilo sin miedo.
Hay algo que siempre me ha llamado mucho la atención.
Cuando eres pequeño no tienes ningún problema en decir quién eres.
Si un día ayudas a tu padre a arreglar un grifo, eres fontanero.
Si dibujas un dinosaurio, eres dibujante.
Si haces un bizcocho con tu madre, eres cocinero.
No necesitas un título.
No necesitas un contrato.
No necesitas que nadie te dé permiso.
Simplemente lo dices.
Y, además, te lo crees.
Pero pasa algo curioso cuando nos hacemos adultos.
De repente dejamos de definirnos por lo que hacemos y empezamos a definirnos por la etiqueta que nos ha puesto otra persona.
Soy profesor.
Soy piloto.
Soy camarero.
Soy contable.
Soy ingeniero.
Todas esas etiquetas tienen algo en común.
No las has elegido tú.
Te las dio una empresa, una universidad o un contrato de trabajo.
Y no hay nada malo en ello.
El problema aparece cuando decides construir algo por tu cuenta.
Ahí ya no existe una empresa que te diga quién eres.
Y, de repente, nos cuesta muchísimo ponerle nombre a aquello que llevamos años haciendo.
Imagina que ayudas a familiares y amigos a decorar sus casas.
Todo el mundo te pide consejo antes de comprar un sofá o pintar una habitación.
Pero cuando alguien te pregunta a qué te dedicas respondes:
“Bueno... se me da bastante bien la decoración.”
¿Por qué no dices simplemente:
“Soy decorador.”
O imagina que siempre eres tú quien edita los vídeos de los viajes.
Todos te preguntan cómo haces esos montajes.
Pero nunca dices:
“Me dedico a editar vídeos.”
A mí también me pasa.
Llevo años escribiendo sobre finanzas personales e inversión.
Analizo empresas prácticamente todos los días.
Comparto mis operaciones.
Miles de personas leen mis publicaciones cada semana.
Y, aun así, durante mucho tiempo me costó decir algo tan sencillo como:
“Me dedico a crear contenido sobre finanzas personales e inversión.”
Creo que el problema no es que nos dé miedo vendernos.
El problema es que nos da miedo decir en voz alta quién creemos que somos.
Porque, en cuanto lo haces, sientes que alguien puede levantar la mano y decir:
“Tampoco eres para tanto.”
“¿Quién te has creído?”
“Hay gente mucho mejor que tú.”
Y, para evitar ese posible rechazo, preferimos quitarnos mérito nosotros mismos.
Decimos que “entendemos un poco”.
Que “es un hobby”.
Que “simplemente ayudamos a amigos”.
Como si esconder aquello que hacemos bien fuera una muestra de humildad.
Pero no lo es.
Es inseguridad.
Y tiene un precio.
Porque si tú no eres capaz de explicar el valor que aportas, será muy difícil que los demás lo descubran por casualidad.
No se trata de inventarte un título.
Ni de parecer más de lo que eres.
Se trata de reconocer aquello que llevas años construyendo.
Porque el mercado no recompensa al que más sabe.
Recompensa al que es capaz de demostrar el valor que aporta.
Y esa es una habilidad que también se aprende.
Por eso dentro de M2M - Movimiento 2 Mileurista no hablamos únicamente de inversión.
También comparto todo lo que ocurre detrás de este proyecto.
Cómo preparo mis publicaciones.
Cómo negocio colaboraciones.
Por qué rechazo algunas propuestas.
Y cómo intento construir fuentes de ingresos alternativas a un sueldo.
Porque aprender a invertir está muy bien.
Pero antes de invertir más dinero, primero hay que aprender a generarlo.
Y eso empieza mucho antes de abrir una cuenta en un bróker.
Empieza el día que dejas de esconder aquello que sabes hacer.
Cuando eras pequeño nadie tenía que darte permiso para decir quién eras.
No dejes que de adulto necesites la aprobación de los demás para hacer exactamente lo mismo.
Porque muchas veces la diferencia entre quien consigue vivir de aquello que le apasiona y quien lo mantiene como un hobby no está en el talento.
Está en el momento en que decidió decir, sin miedo:
“Esto es a lo que me dedico.”
Seguimos.
2mileurista

