Antes de empezar, hoy voy a hablarte de una cosa bastante superficial.
Y al final te voy a dejar una herramienta para que puedas descubrir, tú solo, en qué posición económica estás respecto a los demás.
Pero empecemos por el principio.
Si estás leyendo esto en tu email probablemente te hayas perdido la imagen que he utilizado para atraer lectores a este artículo en Substack.
Gente guapa.
Ligera de ropa.
Y aparentemente pasándoselo de puta madre.
No es casualidad.
Durante años hemos asociado este tipo de imágenes con algo que todos entendemos perfectamente aunque nunca lo digamos en voz alta: estatus.
Vestir bien.
Estar rodeado de gente atractiva.
Viajar.
Salir a los mejores restaurantes.
Bailar (y beber) en las mejores discotecas del mundo.
Tener un coche que llame la atención.
Publicar una foto desde un sitio al que la mayoría no puede ir.
Y, sobre todo, conseguir que los demás piensen que te va bien.
Internet ha convertido esto en una competición bastante extraña.
Ya no hace falta ser rico.
Solo necesitas parecerlo.
Y aquí empieza lo interesante: riqueza y estatus no siempre van juntos.
Un piloto de avión, por ejemplo, tiene bastante estatus social.
Uniforme impecable, profesión respetada, viaja por todo el mundo y probablemente cuando dices que eres piloto la gente asume que te va bastante bien.
Pero podrías ser piloto de Ryanair, dormir en el coche para ahorrarte el alojamiento y empezar a trabajar a las cuatro de la mañana.
Mucho estatus. Quizá bastante menos patrimonio.
Y también funciona al revés.
Puedes tener uno de esos trabajos que pagan el salario mínimo, conducir un coche de segunda mano y vivir compartiendo un piso pequeño.
Pero vestir de puta madre.
Salir todos los fines de semana.
Subir fotos desde restaurantes caros.
Tener el último iPhone.
Y comportarte como si fueras familia de Amancio Ortega.
Desde fuera podrías parecer rico.
Por dentro quizá tengas cuatro créditos personales, la tarjeta al límite y estés haciendo horas extra porque este mes tampoco llega para pagar la luz.
Y esto es lo fascinante.
El estatus se puede comprar mucho más fácilmente que la riqueza.
Porque el estatus tiene algo que la riqueza no tiene.
Se puede fingir.
Puedes alquilar un coche.
Puedes pagar una cena con tarjeta.
Puedes financiar un Rolex.
Puedes pedir un crédito para irte de vacaciones.
Puedes incluso aparentar durante años que tienes una vida que económicamente no puedes permitirte.
El problema es que la gente que te mira desde fuera no ve tu cuenta bancaria.
Ve lo que enseñas.
Y quizá por eso nos hemos acostumbrado a confundir una cosa con la otra.
Pensamos que quien parece rico es rico.
Que quien vive bien tiene dinero.
Que quien viaja mucho tiene patrimonio.
Que quien lleva un reloj de 8.000 euros tiene 8.000 euros.
Y no necesariamente.
Puede tener exactamente cero.
La riqueza, en cambio, es bastante menos fotogénica.
Una cartera de inversión no genera demasiados likes.
Una cuenta remunerada no queda especialmente bien en Instagram.
El dinero que no gastas no aparece en ninguna foto.
Y el patrimonio que construyes durante diez años probablemente sea invisible para casi todo el mundo.
De hecho, una de las cosas más curiosas que he aprendido sobre el dinero es que cuanto más entiendes cómo funciona, menos necesitas demostrarlo.
Porque llega un momento en el que empiezas a valorar cosas que no se ven.
Tener dinero invertido.
No tener deudas.
Poder decir que no a un trabajo.
Tener seis meses de gastos guardados.
Poder pasar una tarde con tu familia sin preocuparte por cuánto dinero estás dejando de ganar.
Tener opciones.
Eso también es estatus.
Solo que es un estatus mucho más difícil de fotografiar.
¿Tú dónde estás?
Probablemente tengas una idea.
Quizá pienses que estás por encima de la media.
Quizá creas que vas bastante bien.
Quizá tengas 25 años y pienses que estás muy atrás porque todavía no tienes casa, mientras alguien de tu misma edad presume en Instagram de su BMW y sus viajes.
Pero comparar tu situación económica con la de los demás a ojo es bastante complicado.
Por eso he creado STATUS.
Una pequeña herramienta que te hace únicamente 8 preguntas y, en unos 60 segundos, te dice aproximadamente en qué percentil económico estás respecto a otras personas de tu edad.
Sin registrarte.
Sin dejar tu email.
Sin introducir tu nombre.
Y sin que yo pueda ver tus respuestas.
Simplemente respondes y descubres dónde estás.
Y creo que el resultado te puede sorprender.
Porque quizá descubras que estás bastante mejor de lo que pensabas.
O bastante peor.
O quizá estés exactamente donde imaginabas.
Pero hay algo que me parece especialmente interesante: las fiestas no se pagan solas.
Los viajes tampoco.
El coche tampoco.
Las fotos de Instagram tampoco.
Y cuando empiezas a mirar las cosas desde el punto de vista del patrimonio, algunas de las personas que aparentemente están ganando la partida quizá no estén ganando absolutamente nada.
Mientras que otras, mucho menos visibles, llevan años construyendo una posición económica que cada vez será más difícil de alcanzar.
Esa es precisamente una de las cosas que hacemos en M2M.
Intentar mirar el dinero desde otro ángulo.
No desde la apariencia.
Desde los números.
Tenemos un grupo privado de Telegram donde compartimos nuestras operaciones, ideas de inversión y lo que estamos viendo en los mercados.
Hablamos de bolsa, de activos digitales, de negocios online y, sobre todo, intentamos construir patrimonio mientras el resto del mundo está ocupado intentando parecer que ya lo tiene.
Si quieres formar parte:
Y ahora sí.
Haz el test.
Tengo bastante curiosidad por saber cuántos de vosotros vais a descubrir que vuestro STATUS económico no tiene absolutamente nada que ver con el que pensabais tener.
Y si te apetece, cuéntame tu percentil en los comentarios.
No hace falta que me digas cuánto dinero tienes.
Solo el número.
A ver qué sale.
Seguimos.
2mileurista




76%, está bastante bien, no?
65%, not bad.
Gracias!