El otro día un amigo me enseñó algo bastante triste.
Su cuenta bancaria.
Me enseñó el cobro de la nómina y el despiece habitual: Alquiler. Luz. Gas. Compra. Seguro del coche.
Y después de todo eso, le quedaban poco más de 300 euros.
Trescientos. 3-0-0.
Para vivir un mes entero sin que pase absolutamente nada raro. Sin averías. Sin cumpleaños. Sin bodas. Sin una visita inesperada al dentista para que un señor te diga que tienes una caries de 180 euros.
Y mientras miraba la pantalla del móvil, soltó una frase que seguramente millones de personas piensan cada mes en silencio: “No sé cómo coño se supone que vamos a vivir así”.
Porque hay un dato bastante salvaje sobre España: el salario más frecuente está entre los 1.100 y los 1.250 euros netos. Y un piso medio de 90m² ya ronda los 250.000€.
Haz las cuentas las veces que quieras. No salen.
Y aquí es donde empiezan a separarse dos tipos de personas:
Los que aceptan la situación y aprenden a sobrevivir dentro de ella.
Los que empiezan a obsesionarse con una idea bastante peligrosa: “Tiene que haber otra manera”.
Porque cuando llegas a ese punto ya no buscas hacerte rico. Buscas respirar. Tener margen. No mirar la cuenta antes de pedir una pizza. Poder ahorrar sin sentir que estás sacrificando tu vida entera.
Y es justo ahí cuando empiezas a mirar alrededor y te das cuenta de algo curioso: todo el mundo está intentando sacarse un dinero extra.
Uno vende ropa en Vinted. Otro pone copas los sábados. Otro arbitra partidos de fútbol de niños. Otro hace páginas web. Otro compra muebles viejos y los revende. Algunos crean contenido. Otros hacen afiliación. Y otros venden prompts de ChatGPT como si fueran traficantes digitales.
Cuanto más miras, más evidente se vuelve: la mayoría ya está emprendiendo, aunque no lo llamen así. Lo llaman “sacarse un dinero”, pero en realidad es gente intentando recuperar un poco de control sobre su vida.
El problema es que, hagas lo que hagas para buscarte la vida, la competencia es brutal. Da igual el talento que tengas; si nadie te ve, no existes. Es como abrir una tienda en mitad del desierto: tú estás orgullosísimo de lo tuyo, pero estás completamente solo.
Y justamente por eso, dentro de M2M (mi comunidad de pago) está empezando a pasar algo interesante.
La gente que está dentro me está enseñando sus proyectos. Las cosas que hacen para generar ingresos fuera de la nómina: pequeños negocios, ideas rarísimas, servicios, tiendas online, automatizaciones o cuentas de contenido.
Gente normal intentando construir algo suyo mientras el resto sigue esperando a que le suban el sueldo 100 euros.
He decidido que voy a empezar a mostrar estos proyectos a todos los que me leéis.
¿Por qué? Por dos razones:
Porque quizá encuentres algo que necesites y quieras apoyar a una persona que ya ha pasado a la acción.
O porque, simplemente, verás lo que hace otro y pensarás: “Hostia… pues igual yo también podría hacer algo parecido”.
Muchas veces es lo único que necesitas para empezar. No dinero. No una mentoría de 3.000 euros. No levantarte a las 5 de la mañana a ducharte con agua fría mientras escuchas un podcast de criptomonedas.
Solo ver que otra persona de carne y hueso ya se ha atrevido.
Sinceramente, creo que eso vale más que todos esos cursos con Lamborghinis alquilados y frases de “mentalidad ganadora”. Porque al final, todo esto va de lo mismo: de intentar construir algo que algún día te dé más libertad, más margen y menos dependencia de una nómina que cada año alcanza para menos.
Si quieres que el próximo proyecto que enseñe sea el tuyo:
Seguimos,
2mileurista


