El día que me sentí un idiota en Google
Doce años después entendí una de las mejores lecciones de mi vida.
Hace unos días me acordé de algo que tenía medio enterrado en la memoria.
Hace ya 12 años, cuando todavía era un crío con más ilusión que criterio, me seleccionaron para pasar un día entero en las oficinas de Google en Polonia.
Sí, Google. El de las pelis. El de los toboganes, las salas de descanso y la gente brillante con portátiles brillantes.
De entre todos los estudiantes Erasmus de Polonia, nos eligieron a mí… y a mi compañero de habitación de la residencia.
¿Por qué? Todavía hoy, cuando nos juntamos, seguimos sin entenderlo.
El único criterio era el currículum. Algo verían ahí, supongo. O igual fue puro azar. Nunca lo sabremos.
El caso es que estábamos flipando, contábamos los días para que llegara el momento. Íbamos a pisar un sitio “top” y para causar buena impresión hasta pedimos prestado la camisa y los zapatos a nuestros colegas Erasmus.
Y así fuimos.
El día empezó temprano. Muy temprano.
A esa hora normalmente cogíamos el tranvía… pero para volver de fiesta, no para ir al centro a “cambiar nuestro futuro”.
Entrar al edificio, presentarnos, apuntarnos en una lista… eso fue fácil.
De hecho, fue lo único que supimos hacer bien en todo el día.
Porque lo que vino después fue un shock.
Nada de charlas largas.
Nada de postureo corporativo.
Aquello era un assessment interview en toda regla.
Éramos unas 30 personas de distintos países de Europa, todos hablando inglés.
Menos yo (y mi amigo) que en aquel momento tendría, siendo generoso, un B1 raspado.
Nos separaban en grupos, nos hacían cooperar, debatir, pensar, liderar, interactuar…
Mi participación fue mínima, no por falta de ganas si no por falta de idioma y es que no me enteraba de casi nada.
Todo era como en las películas, la cantina de bufet libre, las salas relax, las mesas de ping-pong… y gente joven, brillante, con sus laptops, viviendo dentro de un anuncio.
Y yo estaba dentro de la película, pero sin entender el guion.
Cuando salimos, mi amigo me miró y soltó la frase que todavía recuerdo palabra por palabra:
—¿Solo me he sentido yo un idiota durante ocho horas?
No, no fue solo él. Nos sentimos dos auténticos idiotas.
Y sin saberlo, aprendimos una de las lecciones más importantes de nuestra vida:
Si quieres estar en sitios top, tienes que saber inglés.
Si quieres acceder a las mejores oportunidades, tienes que saber inglés.
Si quieres un buen empleo, tienes que saber inglés.
Si quieres salir de casa, tienes que saber inglés.
Pero el día no terminó ahí.
Esa noche tuvimos una de las mayores pajas mentales de nuestra vida.
Literalmente dimos vueltas a una caja durante horas.
Y es que en la última presentación del dia, la diapositiva de despedida ponía:
Think outside the box.
Y ahí estábamos nosotros, pensando fuera de la caja, tumbados en la cama a las tantas de la mañana mirando la caja de una taza que nos habían regalado como merchandising.
Convencidos de que, de algún modo, nuestra oportunidad estaba ahí dentro (o fuera).
Y todavía hoy me hago la misma pregunta:
¿Estaba fuera de la caja… o simplemente había entendido que el camino no era recto?
Muchas veces creemos que una experiencia “fracasada” es una pérdida de tiempo. Y no lo es.
A veces es una bofetada necesaria.
Un espejo incómodo.
Un punto de inflexión silencioso.
Y este día para mi lo fue, entendí que si quería ser parte de esos jovenes que trabajaban en empresas punteras tenía que hacer algo diferente.
Así que, además de salir de fiesta aproveche mi Erasmus para aprender inglés y aunque me costó unas cuantas entrevistas conseguí unas prácticas en una multinacional americana en Polonia, que fue mi forma de meter la cabeza para 3 meses después meter las manos, las piernas y el resto del cuerpo.
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Pero igual, dentro, hay una caja que todavía no has mirado bien.
Un saludo.
2mileurista



